Yo viví esta historia desde ese límite, y desde allí os cuento tal y como fue:
No era verano ni invierno, era ese tiempo sucio que moja las calles de silencios y de barro. El empujaba su bicicleta por la acera de enfrente, casi como cada día, pues casi siempre volvía a casa con la rueda delantera pinchada. Ella nunca paseaba, nunca disfrutaba de lo que pasaba a su alrededor; simplemente caminaba por esa acera de enfrente, deprisa, muy deprisa. Pasaban uno junto al otro cada tarde, pero no se veían, no se miraban. Y ese tiempo sucio transcurría en el calendario lento y triste, como cada vez que no es ni verano ni invierno... Pasaron los días, y la repetición de la escena era siempre la misma: cruzaban sus cuerpos, pero no se notaban, no se intuían. Llegaba a ser una secuencia aburrida y tediosa, pues parecía imposible que trenzaran sus miradas.
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| Niza |
Hoy el tiempo es de verano, de cerezas y de tardes largas llenas de horas largas. Y yo desde mi orilla, los veo cada tarde encontrar sus manos, sus miradas y sus labios. Recorriendo la acera de enfrente, despacio, sin prisa; con risas y sonrisas, susurrándose al oído palabras, palabras de amor...
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| Estrómboli |
Nos vemos y nos leemos pronto

