Este año hemos repetido. Hemos viajado de nuevo donde las lentas olas hacen remanso en el alma. Donde el mar se siente agua pues, transparente, nos cuenta la vida que entraña, que posee. Ese mar que conocemos desde siempre y que nos recibe como él tiene costumbre, con los brazos abiertos. Y esa arena que no lo es, pues no se ha roto tantas veces para serlo, pero redonda y amable no agrede nuestro cuerpo cuando la pisamos. Ese lugar en el que las buganvillas se hacen dueñas de los colores y los aromas que tiene el Mediterráneo y donde las palmeras, extranjeras, reviven el trópico en las calles y las plazas.
Un lugar donde las gentes saludan las mañanas y las tardes, donde preguntan si has descansado y si te gusta lo que tu vista abarca cuando te levantas. Donde el momento anida en ti y lo disfrutas con deleite y sin término...
Hasta allí hemos viajado este verano, para
traer a nuestra casa, de nuevo, los pies frescos y descalzos, la sal pegada a
la piel, los ojos llenos de azul y la mente reconciliada con el corazón. Volveremos... otro Julio...otro verano.

