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miércoles, 26 de junio de 2013

CUERDA DE PRESOS


CUERDA DE PRESOS. www.theathenaeum.org
Son cinco, solo cinco, los que atados a la cuerda van embocando la calle que a la cárcel los lleva. Tricornios llevan dos, son suficientes. Ninguno piensa escaparse. Hace frío de marzo húmedo, ese que tardío va llenando las aceras y las calles de escarcha en la madrugada. La plaza se queda atrás, y la calle se ve larga... tan larga como la pena de perder la libertad. "El Lero" con su calañés de faena calado hasta las orejas  sabe el camino. Va despacio con la cabeza agachada, no quiere mirar al frente. Sus pies se van arrastrando por el piso de la calle y el agua los va mojando, pues ha llovido esta tarde, y cansino se sujeta del banquero que tampoco levanta la vista pues con vergüenza de rico no quiere que le descubran atado a esa infame cuerda. El financiero lleva puesto un bombín y un buen abrigo, pero no el de los domingos. Su abogado, en la Real Chancillería, se lo ha llevado por encargo ex profeso de su caprichosa esposa. Por ella se ve en el trance de ir amarrado a esa  cuerda. El sombrero bien calado y la cara escondida en el cuello del abrigo, las manos en los bolsillos y la mirada borrada.
El más joven va el primero. El chavea no tiene ningún problema para mirar con valentía aquello que no conoce; va junto al cabo Cabrera y comenta con la inconsciencia que da la ignorancia de la juventud: el frío que hace en la plaza. En su mochila una muda, y un bocadillo de atún.
Y ya al final de la cuerda, custodiados por el sargento Quintana, los primos Heredia: Miguel y Manuel. Miguel lleva su sombrero de jinete, pues lo han pillado paseando por el Paseo de Salón con un corcel de caireles coronado y crines de blanco marfil. Y a Manuel le han roto un brazo en el interrogatorio. Me mira desafiante. No me dice nada pero con sus penetrantes ojos me pregunta: ¿porque tú estás ahí y yo estoy atrapado en esta cuerda?. Junto a Quintana, La Toñi, con su niño en brazos, que intenta camelarse al sargento para que la deje hablar con Miguel, con su Miguel. Y al fondo, espectadores que como yo, miran como se llevan a los presos a la cárcel. No tienen piedad y la misericordia la dejaron olvidada en el salón de su acogedora casa; en sus rostros solo curiosidad  y  censura que los protege de lo escandaloso y bochornoso.
La calle sigue brillante de luces de escaparates y farolas encendidas. El suelo sigue mojado pues ha llovido esta tarde. La noche asoma su pena a la calle de la cárcel.

Con este cuadro el pintor, granadíno, José María López Mezquita recibió la Medalla de Oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1901. Ahora mismo, este cuadro se puede contemplar en el Museo Reina Sofía.


Nos vemos y nos leemos pronto





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