Este miércoles, ha tocado C.C. (el del triángulito verde). Buscábamos unas toallas, pero hemos vuelto con las manos vacías porque eran bonitas pero de muy baja calidad. He dejado a Olesmadre en su casa y he conducido hasta el nuevo C.C. (¡Me encanta ese sitio!), allí, pensé, seguro que habrá toallas mejores. Dejé el conche en el parking, y me dirigí a la planta principal por la cuesta mecánica. Justo delante de mi, una madre y una hija. La primera de unos cincuenta, la segunda de mas o menos ventimuchos. Hablaban, se reían, se cogían las manos... Yo pensé: ¡que bien que se llevan!, ¡que bonito!. Con un poco de prisa las adelanté, pues quería poner unas lentejas para comer, no me daba tiempo y me apetecía ver las tiendas.
Y seguí mi camino a la busca y captura de mis toallas. Entré en esa tienda de hogar que todos conocéis cuyo logo empieza por zeta, y me fui directa a los colores amarillos...(en esa tienda todo esta distribuído por colores). Solo llevaría allí unos cinco minutos cuando escucho voces a mi alrededor:
-Primero la rosa, después la beig y al final la marrón.
-No mamá, así queda ¡horrriiiibleee!. Primero la marrón, después la rosa y al final la beig. Así está divinoooooo...; yo no sabía muy bien que estaba pasando, pero la de ventimuchos gritaba cada vez mássss fuerte y le seguía cantando a su madre la misma letanía: "primero la marrón, después la rosa y al final la beig, (ella decía beeeggchchchc), así está divinoooooo...". Entonces, una de las dependientas se acerca ellas y les pregunta: -¿necesitan algo, les puedo ayudar?. La señora mayor le dice, acercandose mucho a su cara: "a que es mejor el orden que yo digo, primero la rosa, después la beig y al final la marrón".
-Pues no sé señora, es cuestión de gustos-, dice la pobre dependienta; y en ese momento una mano se apodera de la manga de mi chaqueta de cuero y me traslada a mí al corrillo de las toallitas de marras. Y vuelta con la preguntita: "¿a que es mejor... bla, bla, bla?". Yo la verdad no sabía que contestarle, pues no entendía muy bien la coordinación de los colores, así que no respondí, me callé; craso error el mío, pues fue entonces cuando me enteré del motivo de dicho orden. Al oído, bajito, me contaba: "la rosa primero para el día de la ducha... la beig después para los días posteriores que no te duchas... y al final la marrón para los demás días que quedan hasta la siguiente ducha; es el orden que corresponde, ¿a que si?". Yo solo la observé ojiplática, solté las toallas amarillas, mire de reojo a la dependienta que alucinaba y me marché, ¡tenía prisa!... ¡aún no había puesto las lentejas!.
Nos vemos y nos leemos pronto.
Oles
