El mes de Julio está acabando y yo he escrito muy poco. No ha sido por falta de tiempo, que he tenido mucho, sino más bien por abuso del destiempo. Todo o casi todo ha venido a destiempo.
Vino el calor cuando ya pensábamos que no vendría, pues notamos su falta hasta bien entrado Junio. Y vino tranquilo, lento, entrando poco a poco en nuestras casas y en nuestras vidas... sin asustarnos. Ese calor que nos trajo la alegría del relajo y la inherente sonrisa que conlleva el descanso.
Llegó el calor a destiempo.
A destiempo, y sin tiempo, un hombre, por un despiste, no logra hacerse con la máquina del tren que conduce y eso provoca un accidente con setenta y nueve vidas truncadas. Ese tiempo, que ahora, ese hombre quiere recuperar para rectificar su error, nunca llegará, pues a destiempo un descuido no se enmienda.
Y un ladrón entra en la cárcel después de colmar sus arcas con dineros que no eran suyos, y de llenar los bolsillos de propios y no de ajenos. Y se le retiene, y se le interroga, y se le amenaza... pero solo cuenta lo que quiere, pues poco tiene que perder, aparte de su dinero robado. A destiempo en la cárcel ese ladrón pasa su tiempo.
Con poco tiempo, muy poco, un Señor Presidente, nos deja colgados y pendientes de una Señora nueva. Nos dice que es la nueva Presidenta, que él se va... pues ha pensado que puede hacer mucho daño a la Autonomía si lo implican en casos que la justicia tiene pendientes. Cree que es mejor marcharse, huir fuera de tiempo... totalmente a destiempo.
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Con este matiz, casi ha pasado el mes de Julio, dejándonos a todos más tristes, más escépticos y menos sorprendidos.
Menos mal que nos queda la esperanza de llenar las horas con trabajo, la alegría de ver a nuestros hijos sonreír, la felicidad de vivir experiencias con los amigos, la tranquilidad de saborear lo que nos cuentan nuestros padres y abuelos, la dicha de leer un buen libro, de beber una copa de vino, de reír, de amar... de vivir... Todo eso nunca pasa a destiempo.
Nos vemos y nos leemos pronto
