Mis libros viejos, que abandonados al polvo y la desidia, descansan en la balda más alta de esa estantería antes mencionada. Son libros heredados y robados al olvido de sus dueños; y hoy, por ser día de asueto y de sol, he pensado bajarlos para desempolvarlos y airearlos. Para mirarlos y también admirarlos pues por viejos no dejan de ser menos mágicos. Así me he encontrado con Delibes en "El camino", a Cela tomando un "con leche" en el café de Dª Rosa de "la Colmena" e incluso a D. Antonio Machado escribiendo su "Recuerdo Infantil": ...Monotonía de lluvia tras los cristales.
Entre dos libros espléndidamente encuadernados y escritos por dos gigantes: Cervantes y Shakespeare, me encuentro, humilde y destartalado... desencajado de su demacrado lomo un ejemplar de "La Zapatera Prodigiosa" de Lorca.
Salgo al sol de mi terraza pues quiero calentar mi espiritu y mi libro recién encontrado y pienso, no sin tristeza, cuántos libros en mi ipad y en mi ebook leídos y releídos... cuántos regalados y cedidos, cuántos sin dueño, cuántos soñados y a veces añorados... y ninguno está dedicado. Y todos están en mi tablet: con sus carátulas planas, sus separadores virtualmente enlazados o doblados y sin ocupar espacio en mi vieja estantería... Ninguno está dedicado.
Coloco, de nuevo, ese viejo libro en la vieja estantería. Y pienso que en un futuro, alguien mío, de mi estirpe, encontrará ese libro viejo y desvencijado y soñará como yo, con el cuento, con la historia que encierran esas ocho palabras escritas con la tinta de una antigua estilográfica.
Nos vemos y nos leemos pronto

