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martes, 7 de octubre de 2014

ES MARTES...

Es martes y se notan en las luces de la tarde las horas del otoño. Los colores se han vuelto, de repente, más ocres, mas tostados. Todo es mas corto y mas amarillo; más sereno, más tranquilo. Mi casa, después del revuelo de meses, ha recuperado su pátina suave, su música queda, su melancolía.
Es martes y se notan en los huecos del espacio que mi estudio está vacío, que el festejo ya ha pasado y que todo, despacito, se ha hecho sitio en la memoria, en las alas que el corazón tiene para guardar lo bonito, lo sincero... lo mejor.
Es martes y se nota cuándo escribo que tengo la mente lejos. Que la mirada la pierdo reviviendo los momentos, los instantes; que recuerdo las sonrisas, las canciones y los bailes. Que tengo las manos frías y tecléo muy despacito, pues quiero contarlo todo y solo sé escribir la parte que los dedos quieren dictar. 
Es martes y se nota en lo que os cuento, que la novia, mi Princesa, iba Preciosa. Que el novio Guapo y Galán la cortejaba con la mirada. Que los invitados eran Magníficos, que el padrino estaba Enorme y que la fiesta fue Hermosa, Maravillosa y Perfecta.
Es martes y se nota que ya he vuelto a contaros con mis cuentos y mis cuentas nuevas historias de lejos, de amor, de alegrías y sorpresas.
Es martes...

domingo, 22 de septiembre de 2013

EL PRIMER DOMINGO DE OTOÑO

Se ha bañado la luz en mi cocina. Ha buscado, de nuevo como cada otoño, ese rincón que guarda para los últimos días de septiembre y que lo inunda de sol y de templanza, de amarillos claros y de azules tenues.
Ha venido el domingo a despertarme a quitarme las sábanas  dormidas, a recordarme que el frescor de esta mañana es único pues es primero y estrena estación del año. Y abro las ventanas y el sol se detiene en mis libros, en mis cosas, en mi casa. Vuelan las cortinas, aletean los visillos refrescando el aire que todavía sueña con el verano pretérito. Entra en mi corazón este tiempo que trae los colores ocres de las arcillas rojas, limpiando con suaves lluvias los estíos que han inundado las tardes calmas de siestas y las noches largas de conversaciones vanas o satisfechas.  
La cafetera me reclama pues su sonido burbujeante, me anuncia que el café está preparado, que está listo. Y es entonces cuando un aroma cotidiano, pero cada día mejor recibido, inunda la habitación, la casa. Las tostadas brincan doradas de ese tostador tan viejo, tan evocador: pues es el mismo que compramos hace mil años, cuando decidimos compartir las vidas, la suya y la mía. Y ahora el zumo, nuevo y amargo, como las naranjas de septiembre, que apenas se conocen ellas mismas, pues todavía no han llegado a la madurez, a  su momento. Un mantel y dos servilletas visten nuestra mesa en la terraza y ella, valiente, nos convoca al desayuno ya que el sol dulce de este otoño dulce, ha decidido pasar un rato a visitarla, a quererla y acariciarla, haciéndola así mas dúctil y acogedora para nuestro goce, para nuestro deleite.

Él aparece sonriente, como siempre. Besándome las manos, como cada mañana. Nos contamos la noche ya pasada, las idas y venidas de los sueños.Y desayunamos juntos recordando e invitando a nuestra mesa otros septiembres, otros domingos, otras luces tenues y otras largas sombras. Esta mañana, este domingo: El primer domingo de otoño. 

Nos vemos y nos leemos pronto



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