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domingo, 2 de marzo de 2014

NO LO ATES... NO ME ATES



Océano Atlántico
Quiero llevar el pelo suelto, al viento. Sin sujeción ni ataderos. Quiero tener nudos y enredos, que no me pueda peinar y que el aire se eleve entre mis cabellos... que juegue y que lo enmarañe que le sirva de escondite, de guarida. Vestido de blanco, teñido, con caracoles o liso, quiero que mi pelo sea una estampa de como yo siento y me siento. Que dibuje con estilo mis anhelos, mis deseos. Vivir es llevar el pelo revuelto, enrevesado, diferente y complicado. No dibujar largas rayas que terminan en una nuca despejada y rectilínea. Ni trenzas complejas que limpien la cara, ni coletas de caballo, ni lazos ni gomas prietas. Quiero mover mis cabellos en toda su longitud, que me acaricien la cara y en verano cubran el tostado de mi espalda... pues lo bueno en esta vida siempre pasa despeinado. Así, cuando saltas y ríes a carcajadas nunca terminas peinado. Cuando corres, cuando juegas, cuando sueñas largos sueños siempre está el pelo enredado. Y si el viento te hace libre en la orilla de la playa, en ese monte tan alto, el pelo está alborotado, libre y suelto. Cuando hacemos el amor, cuando gozamos, ni tú ni yo, amanecemos peinados. Por eso no quiero horquillas, ni telas, ni tan siquiera pañuelos... solo quiero que mi pelo vuele al viento, al templado aire del sur, o si quieres al del Cierzo.
 
Algarve, sur de Portugal
No lo ates, no me ates, no me recojas las crines, pues lo bueno de la vida me sucede con el pelo suelto, despeinado, enredado entre mis dedos y en casi todas mis risas. 

No lo ates, no me ates...


Nos vemos y nos leemos pronto



jueves, 5 de septiembre de 2013

BUSCANDO CUENTOS... HALLANDO HISTORIAS


s. Rafael, Algarve
Desde la orilla la observo. Miro y estudio todos sus movimientos; bueno más bien sus dos movimientos: alza la cabeza y desliza suavemente los pies entre la espuma de las pequeñas olas. Su mirada, que adivino azul, la tiene apoyada en el horizonte y sus manos cubren lo que en otro tiempo fue cintura juncal de su cuerpo. La imagino en otros días, esbelta, grácil, casi etérea con largas piernas y larga melena y llevando de su mano un niño rubio, gordito. Juega con él junto al agua y le enseña con amor las conchas que el mar ha regalado a la playa esa mañana de julio. Lo besa, lo acaricia y gritan y ríen juntos cuando el agua roza sus pequeños pies, pues el agua está muy fría...   
Sus piernas, esas que eran tan largas, las surcan miles de varices amigas desde el primer embarazo. Lleva el biquini de siempre... el mismo del año pasado... el biquini eterno y verde; y una pamela grande con elegancia colocada. Sonríe cuando alguien se le acerca y la saluda, no en vano es la reina de la playa, pues ella está allí la primera con su sombrilla oxidada y su hamaca estampada de flores de los setenta. Y yo la sigo observando, mirando. Y me invento mil y un momentos de su vida. Y la veo en el mercado comprando boquerones frescos y regateando el precio. En sábado preparando macarrones para sus nietos y besando infantiles frentes a diestro y siniestro... también la veo leyendo el periódico en su terraza de toldo verde a la vez que comenta las noticias con su complementario, pues hace ya mucho que dejo de ser contrario. La adivino cantando letras de amores y desamores y feliz, pues siempre parece que es muy feliz... Y la miro, y la observo parapetada tras mis gafas de cristales ahumados; y la invento y le invento una vida que es una Historia, un Cuento. Regresa a su sombrilla, y al volverse me sonríe... me conoce de otros días, de otras olas vividas juntas. Le devuelvo la sonrisa y su vida, pues ya no es mía. 


La Herradura, Granada
Y ahora busco otra víctima, otra protagonista que espoleé la fantasía de otra Historia para hacerla propia… y de otros momentos para hacerlos Cuento.


Nos vemos y nos leemos pronto

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