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| museo D'Orsay, Paris |
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| un atardecer |
Nos vemos y nos leemos pronto
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| museo D'Orsay, Paris |
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| un atardecer |
Y Paris se enamoró de ella. Y la ciudad del amor la hizo reina, princesa de lo prohibido. Musa de pintores y escritores se bebía la vida a sorbos largos, a tragos, sin dejar para mañana lo que hoy se pudiera gozar. No era especialmente bella, ni alta, ni básicamente esbelta... era expresamente hermosa, pues así la hacían sus gestos y su sonrisa. Paseaba, con él, las mañanas por las orillas del Sena y las noches las cantaba, sola, a los pies de Montmartre. Bajaba todas esas escaleras que la separaban del cielo y ya de madrugada las subía de nuevo, para de nuevo encontrarse con el firmamento, con el universo.