Esperando pasó tu buena vida. Esperando, siempre esperando. Sintiendo que lo bueno vendría, que aparecería por la puerta de tu existencia y que te daría las alas que nunca tuviste. Pasaron los cuentos y los dientes de leche, sintiendo que el príncipe traería a tus tardes flores teñidas de azul como su sangre; y que el ratón Pérez te daría los mejores marfiles de su fábrica... Pasaron los domingos de música, bailes agarrados y canciones protesta en los parques y escaleras. De los primeros pantalones vaqueros, de los libros prohibidos, de los sueños que la libertad rozaba; esperando que todo lo anhelado en esas canciones y en esos libros se cumpliera, se hiciera realidad. Esperando vestida de blanco la fiesta que nunca tuviste, que tú no soñaste, la ceremonia que no planeaste; pensando, quizás, que esperando se llegaría a realizar... Y esperando vinieron tus hijos, los que tú engendraste y a los que diste vida. La vida que tú les regalaste y que fue buena, pero que esperabas fuera mucho mejor. Esperando pasaron los treinta y los cuarenta, dejando ese poso de experiencias y sabiduría que solo saben dejar los días, los años.
un atardecer
Una noche soñaste que tus esperas eran vanas y en vano... soñaste que no había mas paciencias ni dilaciones... que el tarro de la perseverancia estaba colmado. Y con la esperanza vestida de luces te lanzaste al ruedo de la vida y la toreaste, recibiendo a cambio todo lo esperado y lo anhelado... y se vistieron tus tardes de flores azules, de marfiles tu boca y de mandamientos en libros libres al fin... de fiestas planeadas y de vidas regaladas y buenas. Dejaste de esperar que la vida pusiera en tus manos, obsequiadora, lo bueno que tenía para ti, y tu, por fin valiente, desplegaste tus alas y saliste a buscarlo.