Mostrando entradas con la etiqueta cazadora. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cazadora. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de abril de 2013

MODOS Y MODAS

  Buscando en el fondo del armario; intentando encontrar el cable que tantas veces me pides, y que casi nunca localizo; y aunque se halla en ese sitio mágico y maravilloso, que según Hermanomío y Preciosa, se denomina elcajóndeloscables, yo casi nunca doy con él.
Pues eso, que en mi afán de encontrar el dichoso cable, me he tropezado con un gran tesoro: una caja metálica con tapa llena de fotografías de nuestros veinte años. Y aparte de la nostalgia que el momento requería, me ha divertido vernos con esas pintas, con esos pelos, con esas ropas, esos zapatos... ese look, que decimos ahora, que hacía que nuestras madres se llenaran la boca de :"¿donde vas con esa faldichi?" o "¿has visto los pelos que llevas?" o "¿porqué no te pones el vestido rosa que te regalé?", y entonces salíamos corriendo escaleras abajo intentando meter las hombreras debajo del tirante del sujetador.
Esas hombreras con las que crecían los hombros un par de tallas, y a la vez, por un efecto óptico extraño, menguaban las caderas otro par de tallas; las había de diferentes formas, las redondas, y las que te hacían el hombro recto, en plan militar, (yo era fan de estas últimas). Y que me decís de las cazadoras... ellas eran las reinas, te podías morir de frío, pero quién no tuviera una cazadora no era nadie; grandes, anchas, y sí además se abrochaban en diagonal eran la caña. Tampoco se quedan atrás esos petos... en colores suaves, vaqueros, de pana; en fin una prenda que hacía que parecieras una tabla lisa y llana, pues era la antítesis de la femineidad. Otra prenda estrella era la "faldapantalón": por delante una falda muy mona, con su tablita o tablitas, y por detrás un pantalón en toda regla. Y las camisas abrochadas estilo monja, con su botoncitos dorados y mangas muy anchas. Y también esos jerseys amarillos de punto ocho tallas mas grandes de lo necesario (¡que horror!). Pero lo mejor eran los peinados, esos pelos llenos de laca y espuma; esos flequillos, que intentaban alcanzar algo extraño que rondaba por encima de nuestras cabezas, tiesos y disparados hacia el espacio exterior, ¡moníiiisimasss!. Y las permanentes. Oh! las permanentes, con esos finísimos rizos que te hacían parecer la mismísima hija del negro de Boney M, ¡un primor!. O aquellos aros; aquellas ruedas de bicicleta que se enganchaban en cualquier sitio haciéndote perder el equilibrio.Y es que todavía me pregunto como podiamos ligar con esos trapos... 

 Sin dejar de sonreír me he dirigido con la caja de las fotografías al salón y he pensado en voz alta: ¿quién fue el divino autor de tan nefasta moda?, ¿a quién se le ocurrió que las mujeres estábamos guapas de semejante guisa?, ¿quién nos engaño de esa manera? Nadie me ha contestado, (entre otras cosas porque estaba sola), nadie ha sabido darme una explicación. Y es que a pesar de todo, eso era moda, era tendencia y nosotros lo llevamos con mucha alegría, creyéndonos las mejor vestidas de la historia.
 Cómo ahora, exactamente igual que ahora...

Nos vemos y nos leemos pronto


LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...