Y es que es tan arrolladora tu certeza, tu evidencia, que cuando estoy contigo apenas lo noto, lo percibo. Y vas dibujando la estrella de mí sino poco a poco, despacito; haciendo, sombreando en mi cuerpo todas tus enseñanzas. Y dejando huella... bueno más bien huellas, a veces demasiadas.
Hoy, te he visto. Te he intuído, ahí agazapado
en la esquina del espejo. Sonreías. Pero no era una sonrisa amable. Dibujabas
en tu boca la ironía, la burla... el triunfo. Tu sarcasmo me saca de quicio, me
aturde. Y es que tanto te he ignorado que es lógico que ahora saques a relucir
todos tus rencores. Porque recordarás cuando yo me reía del color blanco con el
que maquillabas mi pelo. O cuando decidiste que mis ojos eran demasiado grandes
y les dibujaste rayas horizontales en sus orillas, y yo, retadora, maquillaba
mis pestañas allí donde tú empequeñecías mis miradas. O cuando te bebiste mis
ganas de cantar al atardecer y entonces, provocadora, yo bailaba con la luna en
mi cintura las mañanas de verano; en fin puedo seguir contando mis
heridas, mis penas por ti infringidas, pero no quiero. Vas a seguir pasando y
pasando por mí, por mis huesos y mi mente. Por mi pelo, por mis manos, mis
rodillas, mis caderas... yo te seguiré burlando; ajustando tus desmanes, tus
agravios... y no te notaré presente y continuaré sin verte sin echarte tantas
cuentas que me pides y me exiges. Sé que estás ahí, hoy te he captado,
pero no vas a romperme por todo lo que me has quitado y por lo que me has
añadido. Hoy me he dado cuenta de que yo no estoy vencida mientras tu sigas conmigo así que hoy: ¡te lo agradezco!, pues sin ti yo no tendría tantas cosas como tengo, tantas cosas como doy...
¡AY! TIEMPO...Mi Tiempo. El Tiempo.
Nos vemos y nos leemos pronto