sábado, 15 de noviembre de 2014

"TE COMERÍA A VERSOS"

Soñando palabras... soñando versos amanezco cada día con el anhelo de patear las calles de esta ciudad, que sin ser mía, me acogió en su vientre y me hizo suya; esclava y suya de sus ruidos y sus asfaltos ruines. Me despierto con la esperanza azul de encontrarme una nueva frase; un nuevo verso que me llene las horas de imposibles, las pausas de improbables. Frases que cada jornada alimentan las ganas de imaginarte, de soñarte... Y así sin venir a cuento, entre el semáforo y ese paso de cebra tantas veces transitado aparece este verso: "Me sentí astronauta perdido en tus lunares"...
Madridplural.com

Es entonces cuando algunos desconocidos nos volvemos cómplices en 29 segundos. Cuando el hombre que pinta rojo, se torna verde y las sonrisas se cruzan y se bajan las miradas. Y se sueña... Inevitablemente se sueña, se imagina. Los momentos de las horas transcurren con los lunares puestos, con el traje de astronauta calado hasta los huesos y el día se siente leve y a la vez breve. Me reencuentro con la tarde, con mi té cotidiano, con la luz fluorescente que en el techo pestañea espesa y anodina y destrozo los minutos que me restan para salir a buscar la frase del ocaso. Sin pausa mis ojos buscan los versos; las letras que no han borrado el paso de mil pisadas, de mil miradas :..."Mi más sentido Bésame". Sonrío. 
madridplural.com

Me lanzó por las aceras de la ciudad Ajena a buscar otras trovas, otras frases nunca dichas pero mil veces escritas, otros cortos poemas, otras palabras de amor. Y leo por las calles y los  callejones: "Cerrar los ojos y dejarse llover"... "Mi alma la tripula el viento de tu respiración", "No hay mejor sky line que verte tumbada", "Que la línea que más cuides sea la de tu sonrisa", "Te haré el humor hasta llegar al orgasmo"... Sigo sonriendo. Me siento feliz. La ciudad Ajena se vuelve más humana, más sincera. Y me siento más suya, y la siento más mía. 
Espero que de nuevo pase la noche, que poetas y pintores hagan su eficaz trabajo: que dibujen sueños a nivel del suelo y que cuenten cuentos y brinden anhelos y que hagan magia bajo las pisadas de los madrileños.  

Nos vemos y nos leemos pronto. 

(En octubre de este año, comenzaron a aparecer versos en los pasos de peatones de Madrid. Fueron obra de un colectivo llamado Boamistura, que han regalado a la ciudad su arte y su buenhacer. Yo desde este humilde lugar agradezco la iniciativa) www.madridplural.com 

domingo, 2 de noviembre de 2014

UN SOFÁ AMARILLO



Amarillo es el sofá que me acoge, que me cobija. Amarillo y de pana con hilitos dorados que le dan ese toque glamuroso de sofá de pub vintage, de gastro-bar a la última. La luz, a pesar de ser mediodía es del color de las hojas secas; del triste color de la pelusa de los membrillos. El olor me recuerda un montón a las tiendas de decoración que hay en la acera de enfrente. Ese aroma envuelve la calle y el aire que se intuye limpio lo transforma en denso y opaco. Es mediodía, ya lo he dicho, y estamos aquí en el centro de esta ciudad que cuando quiere es hogar, y cuando no lo desea es maltratadora e inhóspita... Los que están conmigo ríen. Ríen a carcajadas y se felicitan con grandes abrazos y aspavientos. Se tocan la cara con satisfacción; las mejillas se pellizcan y siguen riendo, todo parece que ha salido bien, que ha salido genial.
Me miran y me invitan que me una a ellos, a los triunfadores... los ignoro. Piden un Moon, y otro y otro, y brindan una vez y otra y otra... Celebran mil veces lo incelebrable, lo que hace muy poco tiempo criticaban y para ellos era deleznable. El champán corre de copa en copa y cae sobre la moqueta de diseño; se sirven ostras y caviar iraní, sushi y anchoas del Cantábrico y platos con jamón Joselito. Se encienden puros de la patria de Fidel y cantan canciones recurrentes y esas, sintiéndolo mucho, hacen que mi rostro se trasforme en una mueca de desprecio infinita. Me llaman, me jalean... quieren que junto a ellos celebre la gran desilusión de los que habitan en esta ciudad, en este país... sigo ignorando sus voces y llamadas y me hundo más y más en la pana finita del sofá amarillo que me cobija... 
Cierro los ojos, recuerdo, añoro y pienso en los días en los que nosotros, los que se ríen a carcajadas y yo, íbamos a cambiar el mundo, la sociedad... a no dejar que todo se lo llevaran "ellos", a impartir justicia de la buena, democracia para todos, derechos para todos... que falacia, que gran trampa.
Me levanto de mi sofá vintage amarillo y me dirijo al camarero que primero encuentro. Le doy mi tarjeta de crédito para que se cobre lo que se debe... la mira atónito y pregunta: ¿es una Black?, yo le digo: creo que sí; negra es desde luego, o al menos opaca.
Me marcho. Mi casa está muy cerca. Camino por la calle razonando que esa tarjeta no debería usarla tanto... pero, pensándolo mejor, creo que la seguiré usando.


Nos vemos y nos leemos pronto.


 

lunes, 27 de octubre de 2014

ANTIGUOS E-MAILS


Giglio.blog
Verás, lo que te voy a contar no es leyenda urbana ni cuento chino. No se trata de un vulgar cotilleo, ni de un chismorreo de pueblo añejo con viejas y viejos añejos; te hablo de algo totalmente simple y en tiempos hasta normal. Sé que lo has visto, pues en tu casa hay alguno que otro. Pero también sé que no contienen lo que yo tanto añoro, lo que tanto echo de menos... Te hablo de los sobres llenos de cartas. De las cartas llenas de besos. De los besos llenos de amor.
No hace tanto tiempo a los buzones de los portales, a las puertas de las casas, a los soldados en las milicias, a los rubios, a las morenas a los altos y a las bajitas, llegaban cartas... cartas de amor. Franqueadas con sellos de color azul y a veces rosa que hacían que la ilusión rondara las mentes y los cuerpos de sus destinatarios, haciéndolos por un ratito, o por muchos, inmensamente felices.
Se describían los deseos, las ganas, los "te quiero", con letra redonda o cursiva... con boli de punta fina o con pilot negro, o si ya era muy barroco el amor, con pluma de tinta china. Era ese folio en blanco, escaparate de sentimientos y afectos, del amor compartido o solo fingido... era, esa hoja de papel, testigo de mil poemas, de mil requiebros de tantos y tantos besos...
Escribíamos... dibujábamos con cientos de grafías lo que el corazón dictaba, lo que las ganas contaban. Y esperábamos con ansias que ese alguien nos contestara. Que nos dijera cuán feliz le había hecho esa carta recibida; esa misiva de amor, esas letras contenidas... Secretos que encerrados en un sobre, quedaban guardados en el cofre de las letras, hasta que el recibidor lo abría y los leía, los interpretaba.
Y las cartas iban y venían a los buzones. Subían y bajaban a los afectos. Llevaban y traían las canciones, los poemas que contaban cuánto nos queríamos... cuánto nos amaban.
Eran cartas... Esas cartas... Cartas de amor.
via Pinterest


Nos vemos y nos leemos pronto
  


domingo, 19 de octubre de 2014

Anything for love ...

Con costuras en el alma, Juana, se apura por sentir un día mas el vaivén que sufre su corazón. Sentimientos encontrados en ese bosque de gentes que surge sin querer en la sala de la "quimio". Seres que en común tienen lo más terrible. Y que por ser así, terrible, se dulcifica al ser común en todos ellos. Ella, que llegó un día asustada y llorosa a esa sala dónde todos la animaron y se interesaron por su vida. Dónde la cotidianeidad de los sueros la hicieron cómplice con su vecina de sillón Amparo, que era la segunda vez que el cáncer la hacía protagonista de su película. O con la chica del uniforme de azafata, Clara, que a pesar de su juventud, o tal vez por ella, se afanaba en comentar que ella solo estaba allí de paso, que la vida le tenía preparado un futuro maravilloso. Y también con Charo que marchó un día calva y feliz a su casa pues ya estaba curada, y que hacía dos semanas que estaba de nuevo allí, menos calva y menos feliz... Con todas y cada una de las personas que allí estaban Juana tenía una conexión especial, una unión que las hacía fuertes ante la adversidad.
Hoy Juana se marchaba; se despedía de todas ellas, de cada una de ellas. Se iba... ya no tenía pechos... ya no tenía pelo... ya no tenía cáncer. Su realidad ya no estaba allí, estaba en otro lugar, con otras personas. Se despidió de Amparo, se despidió de Clara, se despidió de Charo... Lloró con ellas por todo lo bueno y todo lo malo. Por lo que esperaban, por lo que conseguirían y por lo que se quedaría en el camino. Y salió a la calle a beberse las calles como aquella María de la canción. Y besó la brisa que el viento le regalaba. Y tocó la eterna levedad de ser mujer, persona. Y rió, y lloró Juana, mucho, mucho, mucho...
Hoy, ha recibido una llamada. Sus amigas quieren celebrar con ella su vuelta a la vida, su sanación, su alegría... Y esto es lo que se ha encontrado:   

Hoy desde aquí quiero brindar por todas las "Juanas", por todas las "Amparos", Las "Claras", las "Charos"... Por Ellas: ¡LAS MUJERES!

UFFFF!!!...
Nos vemos y nos leemos pronto

lunes, 13 de octubre de 2014

PALABRAS

No me gustan los nombres con significado explícito... No me gustan las letras sin vértices, sin esquinas ni rincones. No me gustan las comas, ni los puntos y comas... No me gustan. 
No soporto los verbos imperfectos ni los pluscuamperfectos. No me agradan los adjetivos posesivos, tampoco los superlativos... Ni los "Yo, mi, me, conmigo" que delante del nombre los llaman pronombres, (lógico).
No me convencen las palabras vacías ni las pegajosas ni las opacas... ni siquiera las grises, no las entiendo ni me fascinan. No prefiero las cuartillas escritas a máquina, ni tampoco los folios encabezados a la derecha con letras doradas que cuentan que importancia tienen los que allí se nombran... no los quiero. No anhelo tener mil y un libros cubiertos de piel y llenos de vanas palabras.
Yo prefiero ese nombre bonito que cuenta en sus letras su color y su sonido...
Y me gusta esa letra que marca su espacio a codazos; que alarga sus brazos y acoge tranquila a la siguiente...
Yo quisiera tener muchos puntos y seguidos en mi loca vida. Y puntos y aparte; y mil suspensivos que tú rellenaras con tus propios puntos.
Yo deseo poner en mi boca futuros perfectos. Presentes cuajados de mil aventuras y cientos de locas locuras.
Y me gusta calificar mi espacio, mi sitio, con adjetivos que cuenten lo que yo veo y lo que tú sientes. Lo que tú ves y yo siento.
Y te quiero contar muy bajito, que "Tú", serás "Mi", y "Yo" seré "Tú", cuando queramos ser nuestro "nosotros".  
Yo quisiera que palabras escritas llenaran vacíos; prendaran las mentes, iluminaran los corazones...
Negro sobre blanco, o no, llenar la vida de palabras escritas en libros, en folios, en cuartillas. Palabras que cuenten todo lo que queremos y anhelamos; lo que nos gusta, lo que detestamos...
No me gustan los nombres con significado explícito:
El mío sin ir más lejos, Dolores...
Si cambiamos la D por una C... ya tenemos Colores, bastante más bonito, ¿verdad?  

 Nos vemos y nos leemos pronto.

 

martes, 7 de octubre de 2014

ES MARTES...

Es martes y se notan en las luces de la tarde las horas del otoño. Los colores se han vuelto, de repente, más ocres, mas tostados. Todo es mas corto y mas amarillo; más sereno, más tranquilo. Mi casa, después del revuelo de meses, ha recuperado su pátina suave, su música queda, su melancolía.
Es martes y se notan en los huecos del espacio que mi estudio está vacío, que el festejo ya ha pasado y que todo, despacito, se ha hecho sitio en la memoria, en las alas que el corazón tiene para guardar lo bonito, lo sincero... lo mejor.
Es martes y se nota cuándo escribo que tengo la mente lejos. Que la mirada la pierdo reviviendo los momentos, los instantes; que recuerdo las sonrisas, las canciones y los bailes. Que tengo las manos frías y tecléo muy despacito, pues quiero contarlo todo y solo sé escribir la parte que los dedos quieren dictar. 
Es martes y se nota en lo que os cuento, que la novia, mi Princesa, iba Preciosa. Que el novio Guapo y Galán la cortejaba con la mirada. Que los invitados eran Magníficos, que el padrino estaba Enorme y que la fiesta fue Hermosa, Maravillosa y Perfecta.
Es martes y se nota que ya he vuelto a contaros con mis cuentos y mis cuentas nuevas historias de lejos, de amor, de alegrías y sorpresas.
Es martes...

domingo, 18 de mayo de 2014

LA RAYA DEL OJO


Hay cosas en la vida que nunca salen bien. Tienen esa característica especial y única que las hacen insoportables y, a veces, llegan a ser inabordables. Son esas pequeñas e insufribles “vendettas” que la cotidianeidad te pone por delante y que rara es la vez que tienen un buen final; como por ejemplo: las medias nunca suben derechas, ellas piensan que tus piernas tienen otro trazado y, porque si, porque son así de independientes, deciden subir torcidas y al final clavarse en la ingle toda la mañana; o cuando tienes una prisa infinita y las llaves del coche han decidido esconderse en la sima más recóndita del bolso y no aparecen y llegas supertarde a ese sitio tan importante; o ese día que tienes una cita con alguien especial y decides estrenar tu “petite robe noir” arrebatador, y al ponértelo le dejas todas las marcas blancas del desodorante señaladas a lo largo de la falda y por mucho que las frotes con la toalla mojada no se quitan, y al final, optas por ponerte otro petite robe, que ya no es noir ni es tan arrebatador. Y esas lentejas, que todos los lunes te salen de lujo: con sus zanahorias y su chorizito rico, trabatitas con su patata redonda… y ese lunes, ese en que el novio de tu hija se presenta de pronto a comer, ese… te salen de asco; con más agua que un té inglés, y además duras como piedras y con una piel como la de los altramuces… y no lo entiendes, no lo comprendes pues las has hecho como siempre, con todo el amor que un lunes deja libre para hacer las dichosas lentejas. Y no hablemos de cuando decides coger un taxi para que te lleve a la estación y por el camino te encuentras con cinco manifestaciones diferentes, una procesión de traslado de santo y un corte de calle principal por la rotura de una tubería mayor… y cuando llegas a la estación al borde de un infarto, corres para coger ese maldito tren y la sansonite decide abrirse y todas tus pertenencias luchan por hacerse un hueco en ese andén de provincias. Muy triste todo… pero todo cierto.
Pues como dice la canción, yo a la vida, “todito se lo perdono”, que entiendo que no voy yo a vivirla sin pena y con toda la gloria. Que todos tenemos que sufrir en este valle. Que a mí me pasan esas cosas tontas que nunca salen bien, y que me aguanto, que no tienen importancia… pero lo que no le perdono a la vida es que no me deje gozar de la sensación de ver que me ha salido bien, estupendamente: “la raya del ojo”… es imposible, nunca sale con un poquito de perfección, siempre tiene algún defecto: o está más gorda en un ojo que en el otro, o si me sale más fina parece que estoy bizca y me faltan pestañas…  Ni con lápiz, ni con “eye line”, ni con un rotulador monísimo que hay para la ocasión, nada, siempre me sale fatal.

Así que hoy me he encontrado con este truquito en pinterest, y voy a ver si siguiendo los consejos de esta niña tan mona, me esmero, y sale algo en condiciones… Ya os contaré.

Nos vemos y nos leemos pronto

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