domingo, 22 de diciembre de 2013

CUENTO DE NAVIDAD

www.jardineria.pro
Érase una vez una noche con una luna mediada, una luna que fue y ya estaba menguada.
Érase una ventana iluminada con la luz de unas velas y una lámpara de papel envejecida. 
Érase una mesa de humilde madera fabricada con  tableros oscuros, que suave, a más de veinticinco personas acogía.
Érase un mantel vestido de blanco roto, con flores bordadas en el filo y festones de hilos de seda que al suelo se vertían.
Érase una vajilla engalanada con filigranas y dorados adornada.
Éranse una vez unas copas de cristal fino talladas colmadas de cavas exquisitos.
Éranse el espumillón y las bolas de colores, las campanas ruidosas, los renos pequeños, las piñas, las niñas, los relojes de cuco, los angelitos... éranse las luces blancas que el árbol dibujaban.

Éranse los Reyes Magos con sus camellos marrones, despacito caminando hacia una cueva perdida.
Érase una vez El Niño recién nacido con una manta abrigado, una Madre y un Padre mirándolo embelesados.

Éranse una vez mil besos repartidos, regalados.
Éranse los abrazos añorados y algunas veces perdidos por: "no verte", "no encontrarte".
Éranse los niños chicos, los medianos y los grandes...
Éranse las nuevas gentes recién llegadas y las de siempre tenidas.
Éranse los villancicos y las risas y las palmas y las ganas de vivir y las ganas de reír.
Erase una vez una familia reunida para celebrar la Noche, para celebrar la Vida; para dar gracias por todo lo que tienen y a todos los que quieren.
¡Feliz Navidad para todos!
Nos vemos y nos leemos pronto







domingo, 15 de diciembre de 2013

TÚ ESTÁS EN NAVIDAD

No quiero tener mala memoria. No quiero olvidar ni tu voz ni tu risa. Quiero pensarte y rememorar tus ojos y tu sonrisa. Evocar cada beso y cada caricia. Quiero que estos días sean como los de antes, como todas las felices Noches Buenas de antes. Con cenas cargadas de villancicos, de pavo y turrón. De cuentos y noticias de esperanza; de anécdotas y niños recién nacidos y otros recién en el amor estrenados. De bodas nuevas y matrimonios cumplidos. De brindis por la vida y emociones por lo que en el año hemos sufrido. Noches de cariño y besos, de alegría y sorpresa... de quererte, de querernos.
Así quiero que pasen los días y las noches de este Diciembre al que le sobra el frío y le falta el agua... 
Y tú siempre con nosotros, en cada uno de nosotros. En los ojos de los viejos y en las manos de los más nuevos; en la sonrisa de ellas y en la voz de todos ellos. Citando tu nombre para contar los recuerdos que alivian al corazón y le sonríen. 
Quiero alzar mi copa y brindar en estas noches mágicas contigo, por los tuyos... por los míos. 


No quiero tener mala memoria. No quiero olvidar ni tu voz ni tu risa... 
Nos vemos y nos leemos pronto

domingo, 8 de diciembre de 2013

DEDICATORIA...

Viejos, empolvados, rancios, deslomados, gastados, estropeados... así son los libros  de mí trasnochada estantería. Libros tradicionales y pretéritos que llenan de fantasía e ilusión mentes deseosas de saber y comprender, de vislumbrar e intuir. 
Mis libros viejos, que abandonados al polvo y la desidia, descansan en la balda más alta de esa estantería antes mencionada. Son libros heredados y robados al olvido de sus dueños; y hoy, por ser día de asueto y de sol, he pensado bajarlos para desempolvarlos y airearlos. Para mirarlos y también admirarlos pues por viejos no dejan de ser menos mágicos. Así me he encontrado con Delibes en "El camino", a Cela tomando un "con leche" en el café de Dª Rosa de "la Colmena" e incluso a D. Antonio Machado escribiendo su "Recuerdo Infantil": ...Monotonía de lluvia tras los cristales.
Entre dos libros espléndidamente encuadernados y escritos por dos gigantes: Cervantes y Shakespeare, me encuentro, humilde y destartalado... desencajado de su demacrado lomo un ejemplar de "La Zapatera Prodigiosa" de Lorca.
Pequeño y amarillento reclama mi atención para que lo hojeé, para que lo examine... lo relea. Y, ¡oh, sorpresa!... una dedicatoria; la leo y apenas la entiendo, la comprendo. Mis ojos siguen mirando esas letras picudas escritas con una pluma y que encierran un mensaje, una misiva. ¿El principio de un amor o tal vez el final?... ¿un agradecimiento?, ¿un insulto?, ¿un anhelo?... no lo sé. Pero si intuyo que detrás de esas palabras hay un cuento, una historia con sus dos protagonistas, con sus encuentros, con sus distancias, con sus paradojas y sus realidades, sus idas y sus venidas.
Salgo al sol de mi terraza pues quiero calentar mi espiritu y mi libro recién encontrado y pienso, no sin tristeza, cuántos libros en mi ipad y en mi ebook leídos y releídos... cuántos regalados y cedidos, cuántos sin dueño, cuántos soñados y a veces añorados... y ninguno está dedicado. Y todos están en mi tablet: con sus carátulas planas, sus separadores virtualmente enlazados o doblados y sin ocupar espacio en mi vieja estantería... Ninguno está dedicado.

Coloco, de nuevo, ese viejo libro en la vieja estantería. Y pienso que en un futuro, alguien mío, de mi estirpe, encontrará ese libro viejo y desvencijado y soñará como yo, con el cuento, con la historia que encierran esas ocho palabras escritas con la tinta de una antigua estilográfica. 

Nos vemos y nos leemos pronto






domingo, 1 de diciembre de 2013

SULAYR


Sierra Nevada desde el Parque de Invierno, Granada
Ya estás vestida de blanco. Ya aguardando tu momento. Amaneces una mañana con tu velo colocado y anuncias tu boda con el Rey del Reino. Y es entonces cuando las higueras  rinden sus hojas al suelo, cuando los olivos te regalan sus aceitunas más negras. Es el tiempo en el que la noche hace cautivo, temprano, tu horizonte y el sol brilla tenue en su lejanía. Un tiempo que trae consigo gélidos vientos con los que tú arropas la corona de tu Rey; y nosotros con los ojos expectantes, con los ojos entornados por tu luz, aguardamos el gran día: ese en el que vistes tu traje blanco de terciopelo de seda y cubres tus altos hombros con una  capa del mejor armiño.
Hasta que llegue ese día llevas puesto el velo más precioso, el más claro, ese que luces graciosa en contraste con el azul que te cobija, que hermosea tu blancura, tu donaire.
Al fondo, entre nubes, el pico Mulhacén
¡Sulayr, te llamaba el Rey!... te llama él cada noche,  pues quiso dormir para siempre en ti, descansar en tu seno. Por eso tú cada invierno te trasformas, te renuevas para vestirte con el ajuar de una novia. Y festejar con el rey vuestra boda; esa en la que no sobra el frío, ni la nieve ni la lluvia, esa en la que te engalanas para luego en primavera despojarte de tus galas y regar con sus jirones la hermosa vega del Reino. Y luego, desnuda de nuevo, esperas todo el verano a que una nevisca de otoño te vuelva a poner el velo. Ese velo dulce, suave... ese que a todos anuncia tu boda con el Emir de este Reino.

Pico del Veleta
 Nos vemos y nos leemos pronto

domingo, 24 de noviembre de 2013

TORRE DE LA VELA

panoramio
Eres  mascarón de proa de esa nave espléndida. Principio de lo más granado. Anfitriona segura, potente, mayestática. Con toda la plenitud de lo vivido en tu estampa; sabiéndote mágnifica en lo más alto de la Sabika. Dominando la Vega, asomándote al Albayzin y ofreciéndonos, donosa: Sierra Nevada. Guiando quieta, inmóvil, ese galeón que intenta navegar sobre un mar de tejados grises y brillantes; esa galera que quiere, garbosa, surcar el Darro hasta encontrar el Genil y llevar esa singladura para al fin dar con el océano.

Coronando tu donaire, la peineta... que graciosa guarda en su vano la campana más hermosa, la más sonora. La que daba el turno a los regantes de la Vega y también nos anunciaba los desastres y la muerte de los coronados. La que vencía al destino cuando las mozas casaderas le pedían un buen marido al tañírla el día 2 de Enero. Esa que Lorca rimaba en el Diván del Tamarit:
"Solamente por oír
la campana de la Vela
me abrasaba en tu cuerpo
sin saber de quién era".
O quizás es aquella que todos los que te conocemos cantamos desde niños:
"Quiero vivir en Granada
solamente por oír
la campana de la Vela 
cuándo me voy a dormir".

Torre del Sol, Torre Mayor... Torre de la Vela: tu nos miras desde tu atalaya, altiva y orgullosa en tu colina. Organizadora de la ciudad antaño, ahora vistosa, muestras al visitante todos tus entresijos y secretos. Y le cuentas a las gentes que hubo gitanas bonitas que hacían en tu sombra verde, canastitas de canela: (Manolo Caracol). Y mujeres que despertaban, en los brazos de hombres con ojos verdes, cuando en tu techo tocabas al alba: (Concha Piquer). O que, no hace mucho tiempo, muchachos  jóvenes te cantaban: "Mejor que me busques, si hay luz de luna, allí en lo mas alto de la Torre de la Vela" (Grupo 091).
Matisse

Sentada en un banco de la plaza donde descansa tu perfil, te miro... ¡te admiro!, y comtemplo en silencio tu porte bravío, tu empaque. No me asustas, me acompañas, y vuelco sobre tu luz mis pesares y mis sueños.
¡Ay! mi Torre de la Vela, cada tarde del otoño vienes a contarme cuentos, a enhebrar atardeceres de tu historia, esa que también es mía; la de mis seres queridos y apenas conocidos, la de mis antepasados que vivieron tus angustias y tus triunfos. ¡Ay! mi Torre de la Vela...

Nos vemos y nos leemos pronto


Las referencias a canciones y poemas han sido buscadas en la red

lunes, 18 de noviembre de 2013

¡PARAD EL MUNDO...!

Desenfocada. Así te veo... totalmente desenfocada, y llevo las gafas puestas... no lo entiendo. Subes las escaleras como una exhalación, como un tifón, atropellando puertas y pasillos. Lanzando al aire improperios y lamentos, amenazas y maldiciones gitanas... Tiras el bolso sobre el sillón, te quitas el abrigo y la rebeca; luego la falda y a continuación las medias... pataleas pisando la ropa y al final llorando, maldices tu mala suerte. No tienes consuelo. Y yo desde este sillón, desde mi sitio sigo viéndote desenfocada, dispersa y disipada... algo borrosa. 

¡Parad el mundo, que ella se baja!...- grito.
Te callas y me miras con estupor desde esas manchas negras que te deja la máscara de pestañas en tu cara preciosa. Abres hasta el infinito tus grandes ojos y dibujas una leve sonrisa en tu boca. Esa sonrisa se vuelve mueca, he intentas llorar de nuevo, pero ya no puedes. En tu cerebro he plantado la semilla del humor... la del amor.
¡Parad el mundo, que ella se quiere bajar!...- grito de nuevo.
Y te acercas y me abrazas, y dejas en mi camisa blanca los rastros negros de la ya famosa máscara. Me besas y lloras un poco más, pero ya sin ira, sin odio... con el sosiego que dá el consuelo, el aliento. Te acercas a mi oído y despacio me cuentas tus cuitas, tus penas... con lágrimas saladas me relatas lo acontecido...muy cerquita, notando en cada una de tus sílabas tus suspiros y sollozos... 
Te miro... y con rabia contenida, me quito la camisa y también el pantalón... y piso mi ropa y pataleo encima de ella. Luego grito con todas mis fuerzas, para que todos me oigan:
¡Parad el mundo, que ella y yo nos bajamos! 
Entonces tu sonríes y, por fin, te ríes hasta las carcajadas.
Yo... soy feliz.
Nos vemos y nos leemos pronto

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