| Ella, la Vida, repartió mis cartas, altanera y retadora, y las que me tocaron han sido buenas, o así las reconozco. |
Otras veces, ella, la Vida, me empuja y me tira la mano al suelo esperando que no pueda levantarme, y sola, me encuentro caída buscando mis cartas; pero ella no sabe que tengo muchos corazones que en cuanto me tocan recobro mi sitio en la mesa.
Cuando, ella, la Vida, me ve tranquila y sosegada me lanza las cartas a la cara como cuando al mago se le escapan de las manos; y las picas, los diamantes y los rombos me hacen heridas que me cuestan sanar, pero que sano.
Hay días que, ella, la Vida, me da la mano siniestra y me tumba y me llueve y se ríe mirándome tirada en el suelo, pero yo me revuelvo e irónica le digo: "los días malos no son eternos, estúpida", y en cuanto puedo ocupo mi posición en la mesa, para seguir jugando.
Cuando, ella, la Vida, se siente buena, me busca para que yo dé las cartas y entonces me doy; y todo lo que va en una dirección fluye hacia la mía y viceversa, y la mesa es un ir y venir de sonrisas pues éstas son muy contagiosas.
Y otras veces, ella, la Vida, reparte cartas, y me dice al oído: "eres el cambio que has estado esperando" y entonces, sé, intuyo que soy yo la que puedo ganar el juego.
Hasta el final todo es posible, así que no desfallezco.
Nos vemos y nos leemos pronto.