Robar es coger
algo que no te pertenece, que no es tuyo. Algo que ajeno a tí, tu deseas
y que quieres tener a costa de cualquier cosa. Por eso estaba allí para
atrapar lo que no era mío, para... Robar. Ese
camino no era mi camino, no se adaptaba ni a mí, ni a mis necesidades
ni, por supuesto, a mis deseos. Pero allí estaba yo, convencida de que
era lo que más me convenía en ese momento. La primera en apuntarse a ese
delito impune que ibamos a cometer. Con todos mis pertrechos preparados
y el mejor de los talantes. Mis
compiches listos, aleccionados e ilusionados... contentos pues el
recorrido iba a ser duro pero satisfactorio. La recompensa al final,
cuando el expolio se hubiera llevado a cabo. Levanté
la mirada, y allí lo encontré. Me sorprendí... no me lo esperaba.
Exclamé un ¡Ufff!, y entre dientes me dije a mi misma:... ¡madre mía!.
Me retó, y yo, acepté el reto. En ese momento comenzó el hurto. Cada
paso que recorría era una moneda nueva, un doblón de plata que usurpaba
para mi beneficio. El corazón latía con fuerza... la respiración se
entrecortaba, me ahogaba... Cien pasos más arriba gritos aleccionadores:
¡Vamos Oles, tu puedes campeona!. Y yo tenía que poder. Claro que tenía
que poder... y seguía robándole pasos a esa subida infame que, pirata,
escamoteaba mis momentos de autoestima. Con
mi saca llena de monedas y tesoros, alcancé la cumbre. Hubo aplausos,
vitores y bienvenidas. Casí me rindo, pero no lo hice. Y el saberme
querida y apoyada por todos y cada uno de mis amigos, me sirvió de
acicate para enfrentarme al descenso... Tres,
fueron tres, las veces que entre dientes dije: ¡Madre Mía!, pues ese
sendero iba a robarme el aliento, el corazón y todos los doblones que yo
le había sustraído en la subida. Pero no sabía el maldito Canalla que
yo tenía dos cartas bajo la manga que valían más que todas las que él me
plantaba sobre la mesa... mi As, que de Oro, me indicaba donde situar
mis pies y sujetándome con fuerza la mano,el Rey de Corazones. Bajé,
no sin dificultad, pero bajé. En el Camino me dejé todos los tesoros
que, ladróna, le sisé en la subida. Solo dos cosas me dejó intactas: mi
autoestima, pues no era ese camino para afanar mi amor propio. Y la
recompesa que nos estaba esperando a todos... Una mesa grande, plena,
llena de amigos y anécdotas. De alegrías de ilusiones, de reencuentros y
de "Huevos con Papas".
Uve de Verdad y de Viento...uve de Vuestro. O de Olvido, O de Otros. O del verde plata de los Olivos. Ele de Leer, de Luego. Ele de lo cotidiano de las horas Lentas. Uve de Valor, de ¡Vamos! de dejar atrás el largo Verano... E de Esperar y Escapar... E de Eterno. Y al final Erre de Risa, de Raro... de Errequeerre sin el final añorado. V O L V E R... sin saber, aún, si es de veras. Sin tener muy claro que es lo que me lleva a ponerme, de nuevo, bajo el mandato de las letras negras, de lasgrises letras... Contar cuentos que me dejen el alma inquieta y el corazón alterado, pues solo así sé contarlos, con ganas de que tú
sepas cómo pienso, cómo siento... Y ¡Escribir!... cortito, lento; con la letra larga y los espacios quietos. Dejando que tú, que lees mis cuentos, imagines lo que en los huecos blancos me he dejado en el tintero. Así quiero volver, con muchas ganas, y quizás con menos tiempo. Volver a decirte canciones y versos... pensamientos. Robarte el tiempo para que tu me leas en este espacio que, aunque efímero, para mí es eterno. Y nacer en cada cuento, en cada sueño contado, en cada amor encontrado, en cada olvido vivido... en cada risa, en cada rato. Volver, eso es lo que quiero... Nos vemos y nos leemos pronto.
Pasaban las horas, los días... los ratos y
los mejores momentos, y yo no te veía. Pasaban las alegrías, las sonrisas y los
mejores tiempos y yo ya te perdía. Por mi corazón resbalaban tus caricias, tus
palabras por mi mente y, a la vez, mi desidia dibujaba cada uno de mis gestos.
Mis ausencias se hicieron rutina y las ganas, que vivían en el reino de la
ignorancia, no se hacían besos...
Me dediqué a perderte, a no verte... a dejar
que te fueras poco a poco. A ignorar tu sonrisa cuando me la ofrecías, a dormir
a tu lado sin soñar, a no tocar tus manos ni tu cara... A no pensar que tu
sufrías, que estabas, pero yo no... Me dediqué a perderte, a no verte... a no oír
tus "buenos días", ni tus "te quiero". A dejar que mi
corazón navegara por lodos y ciénagas oscuras, olvidando que la luz en mi cama
dormía... A abandonar tus risas y tus aires... Ni cuenta me daba de que no mirabas cómo tú
mirabas. Y que no hablabas ni contabas tus mundos y los míos... que dormías sin
soñar, que morías... Dediqué mis vidas a desoír tu alma, a
prescindir de tus espacios, de tus cuentos... Y ya no pude detenerte pues mirabas
diferente. Mirabas... Diferente. Asolada mi alma, te pido los besos que
ignoré, las sonrisas que no devolví, las caricias que olvidé, los sueños que no
usé y no gasté... tus cuentos y tu aliento...