jueves, 5 de septiembre de 2013

BUSCANDO CUENTOS... HALLANDO HISTORIAS


s. Rafael, Algarve
Desde la orilla la observo. Miro y estudio todos sus movimientos; bueno más bien sus dos movimientos: alza la cabeza y desliza suavemente los pies entre la espuma de las pequeñas olas. Su mirada, que adivino azul, la tiene apoyada en el horizonte y sus manos cubren lo que en otro tiempo fue cintura juncal de su cuerpo. La imagino en otros días, esbelta, grácil, casi etérea con largas piernas y larga melena y llevando de su mano un niño rubio, gordito. Juega con él junto al agua y le enseña con amor las conchas que el mar ha regalado a la playa esa mañana de julio. Lo besa, lo acaricia y gritan y ríen juntos cuando el agua roza sus pequeños pies, pues el agua está muy fría...   
Sus piernas, esas que eran tan largas, las surcan miles de varices amigas desde el primer embarazo. Lleva el biquini de siempre... el mismo del año pasado... el biquini eterno y verde; y una pamela grande con elegancia colocada. Sonríe cuando alguien se le acerca y la saluda, no en vano es la reina de la playa, pues ella está allí la primera con su sombrilla oxidada y su hamaca estampada de flores de los setenta. Y yo la sigo observando, mirando. Y me invento mil y un momentos de su vida. Y la veo en el mercado comprando boquerones frescos y regateando el precio. En sábado preparando macarrones para sus nietos y besando infantiles frentes a diestro y siniestro... también la veo leyendo el periódico en su terraza de toldo verde a la vez que comenta las noticias con su complementario, pues hace ya mucho que dejo de ser contrario. La adivino cantando letras de amores y desamores y feliz, pues siempre parece que es muy feliz... Y la miro, y la observo parapetada tras mis gafas de cristales ahumados; y la invento y le invento una vida que es una Historia, un Cuento. Regresa a su sombrilla, y al volverse me sonríe... me conoce de otros días, de otras olas vividas juntas. Le devuelvo la sonrisa y su vida, pues ya no es mía. 


La Herradura, Granada
Y ahora busco otra víctima, otra protagonista que espoleé la fantasía de otra Historia para hacerla propia… y de otros momentos para hacerlos Cuento.


Nos vemos y nos leemos pronto

domingo, 1 de septiembre de 2013

VOLVIENDO


El pelo sigue enredado: lavar, enjuagar y secar al viento, ese es el mejor tratamiento. La piel ha adquirido el color tostado de la arena y desprende ese olor característico del salitre. Los tobillos cargados de pulseras de hilos con infinitos colores y los pies descalzos... morenos. Las manos suaves y calientes, reteniendo la calidez que la arena y otras manos transmiten tranquilas y sosegadas. Los ojos, aún siendo marrones, festonean de azul y verde las pestañas y la mirada, ella, es lejana, de otros lugares. Los labios han besado y han sido besados. El corazón es feliz, y está agradecido por lo vivido, por lo respirado. Y la voz cuenta: decuentosycuentas, lo que ha sentido, lo que ha mirado, lo que ha encontrado y buscado y retenido. 

Maravilloso Verano.

Los comienzos, los nuevos comienzos están ahí, esperándome... Mañana todo estará de nuevo instalado en lo cotidiano, en lo conocido y establecido, con ganas pero desganado...
Mañana como cada vuelta a la rutina estaremos, tu, yo, ellos, nosotras, vosotros, aquellos... Todos dispuestos a plantarle cara a las semanas de cinco días, a los atascos, a los kilómetros interminables, a los ordenadores lentos, a las caras largas de los lunes, a las colas, a las aceras vestidas de hojas amarillas, a la mantita caliente en el sofá, a los deberes de matemáticas...

Esperando sin esperar nada distinto y sintiendo que algo diferente tiene su Origen.


Nos vemos y nos leemos pronto

viernes, 2 de agosto de 2013

MALTA


Desde aquí todo es diferente. Lo que antes estaba allí, ahora torna y está aquí... conmigo. Mirar y ver lo que nunca veo, pues estoy viviendo dentro de ese mirar, me hace sentir diferente, especial. Observar la tierra desde el mar es una experiencia única. Ver las olas de este mar, por el que navego, besar la tierra que desde lejos contemplo, es para mí una costumbre nueva. Llevo un rato en cubierta y tengo frío. Un frío largo y silencioso. El viento me roza la cara con crudeza, pero yo no rindo la mirada a esas luces que poco a poco se van encendiendo en las calles de esa ciudad amarilla y misteriosa: La Valletta.
Esta mañana al despertar, todo fue sorpresa. Todo era nuevo y por descubrir. Un puerto antiguo con su bocana ancha nos recibe abriendo sus brazos, como a uno más, como a uno de tantos y tantos que han anclado en sus oscuras aguas. Y a su alrededor una ciudad que sube por intricadas calles la pendiente que del mar la aleja. Una ciudad amarilla pues de esa tonalidad es la piedra que en la isla se trabaja.
La piedra es caliza y seca, con ese color que hace que la ciudad luzca, en medio del azul Mediterráneo, todos sus tonos dorados. Ella tiene el sabor de lo antiguo, de lo decadente y de lo viejo. Palacios suntuosos sin habitar, casas señoriales abandonadas al salitre de ese mar que brilla aún en los cristales de las ventanas rotas. Y muchas iglesias: grandes, pequeñas, recónditas, resplandecientes, maravillosas y lóbregas.
En los rostros de sus habitantes se intuyen las mezclas de las civilizaciones visitadoras e invasoras: árabes y griegos, españoles e italianos, turcos y franceses... y por último ingleses. 
Hablan un inglés áspero que mezclan con su idioma de origen: el maltés, y hacen algunos guiños al italiano; todo esto hace que sea un poco difícil entender tan complicada lengua. Pero no por eso, el ciudadano maltés deja de ser hospitalario y recibidor y te indica con simpatía los lugares más emblemáticos y a veces desconocidos de la capital. Y así, siguiendo los consejos de un amable vallettero, subimos a la Mdina: antiguo centro neurálgico de la ciudad.
Preciosa: casas de piedra con puertas de colores y llamadores de latón configurando distintos animales del ancho mar. Vistas grandiosas, calles estrechas y solitarias, tiendas escondidas en portales de piedra, restaurantes en patios llenos de buganvillas, música que se cuela a las calles desde los balcones vestidos de blancos visillos... ¡Maravillosa Mdina!
Y aquí estoy, en cubierta y tengo frío pero no puedo dejar de mirarte: ciudad que por misteriosa y silenciosa me has cautivado. Te digo adiós Malta, La Valletta, la Mdina. En la retina me llevo tus colores y en el corazón tu belleza.

Nos vemos y nos leemos pronto.







martes, 30 de julio de 2013

A DESTIEMPO



El mes de Julio está acabando y yo he escrito muy poco. No ha sido por falta de tiempo, que he tenido mucho, sino más bien por abuso del destiempo. Todo o casi todo ha venido a destiempo. 
Vino el calor cuando ya pensábamos que no vendría, pues notamos su falta hasta bien entrado Junio. Y vino tranquilo, lento, entrando poco a poco en nuestras casas y en nuestras vidas... sin asustarnos. Ese calor que nos trajo la alegría del relajo y la inherente sonrisa que conlleva el descanso.
Llegó el calor a destiempo.







A destiempo, y sin tiempo, un hombre, por un despiste, no logra hacerse con la máquina del tren que conduce y eso provoca un accidente con setenta y nueve vidas truncadas. Ese tiempo, que ahora, ese hombre quiere recuperar para rectificar su error, nunca llegará, pues a destiempo un descuido no se enmienda.
Y un ladrón entra en la cárcel después de colmar sus arcas con dineros que no eran suyos, y de llenar los bolsillos de propios y no de ajenos. Y se le retiene, y se le interroga, y se le amenaza... pero solo cuenta lo que quiere, pues poco tiene que perder, aparte de su dinero robado. A destiempo en la cárcel ese ladrón pasa su tiempo.
Con poco tiempo, muy poco, un Señor Presidente, nos deja colgados y pendientes de una Señora nueva. Nos dice que es la nueva Presidenta, que él se va... pues ha pensado que puede hacer mucho daño a la Autonomía si lo implican en casos que la justicia tiene pendientes. Cree que es mejor marcharse, huir fuera de tiempo... totalmente a destiempo.

...

Con este matiz, casi ha pasado el mes de Julio, dejándonos a todos más tristes, más escépticos y menos sorprendidos.
Menos mal que nos queda la esperanza de llenar las horas con trabajo, la alegría de ver a nuestros hijos sonreír, la felicidad de vivir experiencias con los amigos, la tranquilidad de saborear lo que nos cuentan nuestros padres y abuelos, la dicha de leer un buen libro, de beber una copa de vino, de reír, de amar... de vivir... Todo eso nunca pasa a destiempo.


Nos vemos y nos leemos pronto


 

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