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domingo, 10 de noviembre de 2013

VIAJANDO AL NORTE


Hoy soy pasajera. Hoy viajo. Hoy mi mente y mi corazón está ocupados en ese anhelo: viajar. Hoy me llevo el amor a otros lugares apenas conocidos pero si muy deseados. Soy pasajera de un tren que me lleva sin descanso al encuentro de la maternidad aparcada y a veces, muchas veces, añorada. Viajo al norte, a ese lugar que Princesa eligió para vivir y sentir; para trabajar y gozar... Donde el amor la llevó. 
El paisaje es del verde de la aceituna, del ocre de la tierra polvorienta en los campos donde las cañas del maíz aún no han sido segadas. Los horizontes se tornan azules en las últimas lomas que jalonan Sierra Morena. Ya van haciendo su aparición las encinas viejas y las viejas tierras que antaño fueron protagonistas de sangrientas contiendas. Algunos pueblos blancos van manchando la línea que rompe el cielo para dar paso al planeta. Y la vía... Paralela a mi viaje pero en dirección contraria; llevando al sur los anhelos, los amores. 
El tren, por ser viajado es dueño de muchos sueños. Es ladrón de historias, pirata de ilusiones y a veces, sin pretenderlo, protagonista de novelas de todos los colores. En él se conocen a gentes que se hacen intimas por unas horas, y que luego al bajar del tren, dos instantes bastan para olvidarlas.
Madrid se dibuja al fondo... Lo reconozco por esos cuatro edificios que ya lo están haciendo medianamente famoso. Y ya crucé media España, ya todo está más cerca. El sol nos abandona por el oeste, como siempre, y mancha el cielo con las tonalidades propias del mes de Noviembre: naranjas, rosas y algunos dorados.
Miro por la ventana, está muy oscuro fuera. El cristal me devuelve la imagen de mi rostro, y me sorprendo a mí misma, pues sonrío sin apenas darme cuenta. Ya queda menos. 
He llegado a mi destino... Me bajo del tren y busco sin descanso su sonrisa y sus ojos reflejados en los míos. ¡Ya estoy aquí, Princesa!, ¡ya he llegado!



Nos vemos y nos leemos pronto



domingo, 26 de mayo de 2013

RECUERDOS PARA EL DOMINGO: "LA HAS PROBADO POCO..."

Después de luchar contra los sesentaysiete kilómetros que separaban mi pueblo de la gran ciudad, por fin, llegamos a nuestro destino. Y digo luchar, porque para mí subirme al autobús, (leáse Alsina), para ir de viaje, era toda una odisea de mareos, vomitonas, ropa sucia y pelo enredado en mis escuetas coletas. Viajábamos por placer y para culturizarnos. Olespadre, Pamhermana y yo teníamos el día libre para hacer de nuestro viaje una gran fiesta. Primera parada: desayuno en la archiconocida cafetería “El Suizo”, cacao con leche y media tostada con mantequilla fuera de lo común. Visita a los lavabos y arreglo de coletas ayudadas por la señora que cuidaba de los mismos; OlesPadre le dejó dos duritos de propina, uno por Pamhermana y otro por mí.
Segunda parada: visita a la Boutique de moda en aquellos tiempos, “Pepita Martin”. Vestido verde, maravilloso, para mí; vestido de rayas rojas y blancas para Pamhermana, que también era muy bonito.

Tercera parada: visita a la zapatería “Salas”, de la calle Reyes Católicos. Zapatos azul marino y blancos de Charol para Panhermana; zapatos rojos y beige de charol para mí. (Preciosos, por supuesto).
fuente:www.granadasiempre.blogspot.com

Cuarta parada: Comer. No me acuerdo donde comimos, ni lo que comimos… seguro que yo poco, pues no me gustaba mucho comer. (¡Que ironía!).

Quinta parada: La Alhambra.
Por visitar este monumento era toda la excursión. Por eso los kilómetros recorridos, las curvas interminables y la peste espantosa del autobús. OlesPadre explicaba cada recinto, cada torre, cada habitación. Nosotras escuchábamos, unas veces interesadas y otras aburridas. También preguntábamos y entoces aburríamos nosotros a OlesPadre. Terminada la visita a La Alhambra, nos dirigimos al Generalife.

Hacía calor, y la entrada directa al Generalife desde la Alhambra estaba cerrada por obras. Por lo que tuvimos que salir fuera de un recinto para, dando un rodeo, entrar en el otro. OlesPadre sudaba, y nosotras protestábamos por el calor y la sed. Cuando por fin entramos al nuevo lugar por visitar, junto a la caseta de venta de tiques había una máquina de refrescos. ¡Qué bien!, exclamo OlesPadre… ¡Nos vamos a tomar un refresquito!. Para nosotras esa máquina era totalmente desconocida, una novedad de la Capital del Reino. Así que con mucha curiosidad y cautela mirábamos la maquinita que nos iba a quitar la sed. -Tú qué quieres Pam?, cocacola Papi… y tú Oles?,

-espera papá que voy a mirar… yo quiero, uhmmm, uhmmm, yo quiero… ¡yo quiero una tónica!

-Una tónica no te va a gustar, Chiquitica… -¿Una fanta de limón o de naranja mejor, no?...

-No papi, una tónica de las del anuncio. 
-No te va a gustar!,

-si, si, si… sí que me va a gustar, me va a gustar mucho!, si no es la tónica,  no quiero nada.

Y saco la dichosa tónica de la máquina mágica de bebidas fresquitas… la abrió con el abre chapas que tenía incorporado, y me la puso en las manos: -¡te la bebes enterita!, ¡no te dejes ni una gota!. Y allí estaba yo con mi botella transparente llena del refresco que me iba a quitar la sed para siempre, o eso decía el anuncio de la tele. Puse mis labios en la boca de la botella, di un trago y: todas las burbujas del mundo se explotaron en mi lengua; y todos los sabores más amargos de la tierra inundaron mi paladar dándome una lección que todavía no he olvidado. OlesPadre se reía, y se sonreía… ¡te lo he dicho, no te va a gustar!. Panhermana también se reía, yo creo que por simpatía. Y yo lloraba, pues era lo más repelente que había probado en mi vida. Sentada en aquel banco a la sombra, estuve casi media hora, llorando, esperando que aquello se pusiera,  milagrosamente, más sabroso. Pero fue inútil, ni la espera, ni el calor, ni mis llantos obraron el milagro: ¡la tónica estaba repugnante!. Con la misma sed, llorando y con mi bebida caliente en la mano continuamos la visita. Hasta que vimos una fuente de agua fresca que por fin calmó mi sed; mi padre me cogió la botella de las manos, e intento tomarse el dichoso brebaje. No pudo, su cara apretada lo decía todo, nunca le gustó. Yo dejé de llorar, y seguí feliz la visita por la Capital del Reino. 
Tardé años en volver a saborear una tónica y fue una sorpresa comprobar que me gustaba muchísimo. Esta tarde he abierto una tónica fría, muy fría y he recordado, sonriendo, los primeros momentos de mi relación con ella.

Aquel día yo creo que no me gustó porque: “la había probado poco”, o eso contaban en el anuncio.


Nos vemos y nos leemos pronto.

 

martes, 30 de abril de 2013

EL PLACER DE LA CONVERSACIÓN

Corría por la calle, sin edad para hacerlo pero corría. Si no se daba prisa no llegaría a tiempo a la parada del autobús, y éste ya había asomado su cara roja en lo alto de la calle; por eso corría, no quería llegar tarde a su cita. Era una cita con poca importancia, bueno, con toda la que se le quiera dar a una cita con su peluquera. Llegó a tiempo y el vehículo arrancó rumbo al centro. Apenas había recorrido unos metros, cuando una chica llamó a sus puertas abatibles, aprovechando que el autobús aún no había salido de la parada. Con la chica un carrito de bebe, con su bebe a bordo, claro. Era una mujer joven, morena, pelo largo, sonrisa perfecta y ojos oscuros como su pelo. Era, una chica guapa. Su bebe una niña de mas o menos un año, con rizos que le caían en la frente y una futura sonrisa de anuncios de potitos. La mamá, la morena, pago su billete y se dirigió a la zona reservada para los carritos de bebe. Sacó su móvil y se dispuso a escribir en él. En la siguiente parada un par de chicos jóvenes subieron al autobús. Uno de ellos, con los pantalones demasiado caídos para realizar la maniobra de subir al vehículo, maldijo al inventor del escalón. La gente se rió de la machada y el conductor arrancó sin hacerle mucho caso. Se sentaron frente a la Señoraquecorría, sacaron sus móviles y se dispusieron a escribir. La siguiente parada estaba muy concurrida, montaron al autobús: jóvenes de instituto, jubilados con progresivas, amas de casa con canas, un cura y dos chicasmonas con uñasmonas. De todos los mencionados anteriormente, mas del treinta por ciento sacaron sus móviles y se pusieron a escribir. En la siguiente parada nadie subió al autobús, y aunque el conductor abrió, amablemente las puertas para que la gente bajase, nadie bajó. Pero de pronto, Morena comenzó a gritar: ¡ábrame!, ¡ábrame!, que me bajo aquí... el conductor resignado paró de nuevo; ella se disculpó, y dijo: ¡perdón no me había dado cuenta, estaba con el guasaa!.
La siguiente parada ya estaba muy cercana al centro. En ella se subieron otras dos chicasmonas y un viudo. Esto se sabía por el fajín negro que llevaba en la manga de su chaqueta. De las tres personas que subieron al vehículo, cuándo este arrancó, dos sacaron sus móviles y se dispusieron a escribir. El autobús ya estaba lleno, pero paradógicamente en silencio. Solo se oían suaves tíntineos que realizaban los móviles de vez en cuando. Los dueños de esos móviles dibujaban sonrisas sin pudor y a veces reían, también, sin pudor. 
La Señoraquecorría miraba al infinito sin ver lo que tenía delante, solo estaba pendiente de los movimientos que realizaban los que manipulaban sus móviles. Miraba, con asombro, la velocidad con la que se pueden mover los pulgares a la hora de escribir en en móvil. Y el autobús en silencio. Un semáforo, dos semáforos... y la parada final, la parada del centro. La Señoraquecorría bajó veloz del autobús, quería comprobar que la gente de la calle seguía hablando, que seguía comunicándose con palabras... La peluquería estaba cerca, muy cerca. Cuándo cruzó el umbral y escuchó a su peluquera, a su Espeamiga decir: "Buenos días primor, que guapa vienes hoy", se lleno su alma de alegría; todavía existían personas que hablaban, te saludaban y te acompañaban con las palabras.

Nos vemos y nos leemos pronto.
 

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